Un experimento de manejar borracho
Saltando entre los blog de la gente que comenta acá, me encontré con algo que me causó bastante gracia, asi que se los reproduzco:
(el post proviene del blog de Werty)
Los conductores ebrios causan más muertes al año que todas las guerras mundiales juntas. Los medios de comunicación publican todos los años estadísticas alarmantes y, lamentablemente, nunca faltan voluntarios dispuestos a embriagarse para sentarse luego al volante. Todos creen ser la excepción, y confían en llegar sanos y salvos a casa a pesar de
estar completamente borrachos.Para probar lo contrario, en una especie de experimento científico, decidí averiguar cómo me comportaría si estuviese manejando bajo la influencia del alcohol. Para este ejercicio, elegí uno de los simuladores de carreras más realistas y desafiantes que existen: Grand Prix Legends, de Sierra. Nunca nadie produjo un simulador que, además, presente los más realistas efectos de choques jamás incorporados en un juego de PC. Era el laboratorio ideal para mi experimento.
Mi siguiente tarea implicaba reunir una cantidad considerable de bebidas alcohólicas, cosa que no me presentó mayores inconvenientes. Luego de tomar por asalto la bodega, destapé un Canadian Club añejado durante 12 años y una botella casi llena de Sambucca. Todo esto, sumado a la docena de cervezas negras que habían en mi heladera, le darían suficiente combustible a mi experimento.
Ya era hora de encender la PC para dar unas vueltas en GPL y determinar exactamente qué tipo de performance puede tener un sobrio columnista de una revista de juegos para PC. A pesar de que soy un admirador de GPL, hace tiempo que no jugaba, por lo cuál mi mejor tiempo en Monza estuvo muy por debajo de lo acostumbrado. Después de unos 20 min de práctica, conseguí unos decentes 1:30 min que, aunque lejos de mi record personal, fueron suficientes para ubicar a mi Lotus 49 en sexto lugar entre los veinte participantes.
Emprendiendo una carrera corta de 12 vueltas, me las arreglé para escalar al quinto puesto luego de un pargo duelo con John Surtees. La intensidad de la batalla y el enorme grado de concentración requerido me dejaron exhausto.
Reemplacé el tradicional festejo con champagne pos carrera por dos latas de cerveza negra y un vaso de whisky. Una vez que comencé a interpretar los sutiles efectos del alcohol y ese sentimiento de invulnerabilidad que lo acompaña, me preparé para otra competencia. Dejando todo lo que pude en las prubas de clasificación, luché valientemente para igualar el tiempo anterior. A pesar de que el deseo estuvo allí, no pudo ser. Esta vez terminé octavo. Por suerte, pude alcanzar rapidamente el sexto puesto, posición que mantuve hasta la séptima vuelta, momento en el que mis frenos fallaron en la primer Curva de Lesmo, y retorné a la novena posición.
¡Malditos frenos! Bueno, no puedo correr sin combustible, así que, al final de la carrera, aplaqué mi sed con otras dos cervezas y un Canadian Club con hielo. ¡Ahora sí estoy listo para ese Jimmy Clark! Esta vez, la clasificación fue peor, y apenas logré una vuelta de 1:31:92, suficiente para estar duodécimo en la línea de partida. Durante la carrera, me distraje ante la bandera verde y caí hasta el decimosexto puesto. Me las ingenié para escalar un par de posiciones durante las siguiente dos vueltas, sacando a la gente del camino con bastante agresión, pero al final, mi propia brutalidad me jugó una mala pasada, y choqué espectacularmente en la Curva Grande.
Lo que había comenzado como una prueba de sobriedad se convirtió en una competencia dominada por el rencor y alimentada por el alcohol, en la que este columnista estaba dispuesto a lo que sea con tal de superar a sus adversarios digitales.
A la madrugada, ya había consumido la mayoría de las cervezas, tomado docenas de Sambuccas y terminado el whisky. No sólo no pude manejar una vuelta sin chocar, sino que incluso encontré difícil salir de boxes sin causar colisiones múltiples.
A esta altura, mis notas son ilegibles, pero recuerdo que a las 4 de la mañana tenía planeado cargar Jane’s USAF para bombardear la fábrica de Ferrari (¡ese maldito Bandini se cruzó demasiadas veces en mi camino!).Mientras termino mi columna a la luz del día, y sufriendo una monstruosa resaca e intentando escribir un informe que justifique mis gastos de alcohol, espero que mi pequeño experimento les haya enseñado una valiosa lección: dejen el champagne para después de la carrera. Si deben tomar y conducir, por favor háganlo en casa.
Andy Mahood
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En algun lado lo vi esto, que grosso agarrarse un buen pedo jugando a un juego de carreras.
Aunque si quiere algo realista, tendria que jugar al Ferrari F-355 del maestro Yu Suzuki (o al OutRun, otra joya del japones, seguramente mas jugable en pedo).
GENIAL, un experimento exelente, me parece que con el mario cart tambien puede andar, jeje.
que buen experimento, seria muy groso que le hayan pagado (?) x hacerlo
Daytooonaaaaaaa…. Daytoonaaaa Let’s Go Awayyyy… si habremos jugado en pedo!
La nota la saqué de una vieja PC Gamer reproducida acá en Argentina por PC Juegos. La columna de Andy Mahood era la de la contra tapa la revista, que acostumbran a ser las mejores :).
Un dato anecdótico es que gracias a ese post me contacto me hizo una pequeña entrevista una persona de una organización gubernamental de Estados Unidos dedicada a la prevención de accidentes de tránsito, me comentó que la nota le era de mucha utilidad para dirijirse al segmento adolescente del público con respecto al tema del alcohol y los accidentes de tránsito.